lunes, enero 09, 2006

Título a su gusto

Ahora me abandono, porque es necesario, entre tanto griterío, tanto número, tanto tiempo a velocidades incomprensibles que sólo aumentan mi neurosis incontrolablemente. Lo abandono, claro está, antes de abandonarme a mí mismo, porque no es posible abandonarse a secas, hay que despedirse, cordialmente, ha sido un gusto, mi sentido pésame, bla bla bla.

Los recuerdos no los tengo claros, entienda usted que en estos momentos la memoria debe estar sumamente resentida y embarcada ya en el primer vuelo con destino a unas maravillosas y cómodas vacaciones en alguna de sus propiedades, que, tengo entendido, son colmadas de confort, y claro, yo no tengo la menor intención de molestarla, pues su gran consideración me ha sorprendido con lo necesario para explicarle mis motivos, si bien, inalcanzables por su estrecha intuición.

Uno tras otro se vienen sucediendo los dolorosos hechos que ocasionan esta peculiar cita, en la que, no lo puedo negar, me siento algo débil, pero aún así orgulloso, hasta el momento.

Mire usted pues, ahora que lo tengo en mi delante, se asoman escondidos, apenas perceptibles, algunas circunstancias interesantes, que unidas a mis preparadas querellas, harán de este un argumento inigualable de mi comportamiento.

¡Querido y elocuente compañero, querido público, aunque fuere ausente! Más de una vez he sido atacado, mutilado hasta la sombra por motivos que sobrepasan mi entendimiento y ajenos a mi interés y naturaleza. ¿Os parece justo, amable espectador, que un valiente servidor oscurezca hasta la insignificancia ante los falsos brillos de quien propone comodidades insostenibles, sólidos futuros montados en endebles pliegos de cartón, que se despedazan con la lluvia de la vida? ¿Es en verdad soportable que mis infinitas ofertas, que con tanto trabajo y esfuerzo he venido a presentar, sean rechazadas sin siquiera ser analizadas u observadas, sólo porque de mí provienen?

Si bien yo no prometo manjares o inmensos imperios, propongo la fuerza que hace falta para construirlos y me desprendo de mi propia seguridad y agresividad para desparramarlas sobre todo aquel que rinde tributo a la intensidad.

Pero en varias ocasiones han venido a apresarme, sin órdenes ni argumentos lo suficientemente sensatos como para constituirse una razón de por sí. Sólo asoma una masa de seres confundidos, ignorantes de sí mismos, vendados con hilos ajenos de obediencia y disciplina.

¿Es así, me pregunto y os pregunto, como quieren que labore día a día, como quieren que despierte sin sentirme cerca de la muerte?

Sin embargo, aún no me han vencido, por eso me abandono, porque igual a mis obras son mis decisiones. Y ahora, sin más, me despido, aunque no puedo evitar una duda que surge en mí como un molesto susurro, que sólo me dejará tranquilo si lo dejo en libertad:

¿Qué harán sin mí, esclavos de la costumbre, eternos espectros de la norma, caminantes de la senda vieja y ajena, constructores de cárceles, marionetas de un destino de marionetas?

Si lo pienso mejor, me doy cuenta ahora que mi ausencia está lejos de ser percatada, sólo cuando el alma se estremezca ante el caos perpetuo y la más pura lágrima del dolor infinito se esparza como sangre en guerra eterna.

¡Adiós! ¡Me alejo por mi camino, me voy en mí, me voy por mí!

2 Comentarios:

A la/s 09 enero, 2006 12:32, Anonymous Anónimo dijo...

Excelente percepción de la partida inevitable. Me encanta como describes el abandono hacia uno mismo que en verdad ya no es nada cuando te dejas (suena complejo).

Como siempre muy bien Karencilla! adoro tu estilo al escribir.

 
A la/s 10 enero, 2006 15:04, Anonymous Anónimo dijo...

solo espero que no sea una despida de tus textos no podria soportarlo!!! necesito saber que hay alguien más loco que yo

 

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